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Deberes escolares, salud infantil y fracaso escolar

Hace un tiempo escribí un artículo donde analizaba el sistema educativo actual y sus desajustes (puedes leer el post en este enlace). En esa entrada, se hablaba de la existencia de una incoherencia grave e importante entre lo que necesitan nuestros pequeños para su correcto desarrollo evolutivo, y aquello que se ofrece en los colegios e institutos. Los niños se desarrollan de forma natural usando una serie de mecanismos y recursos que les son propios. Sin embargo, las instituciones encargadas de su educación algunas veces ofrecen métodos que lejos de aprovechar el increíble potencial de los niños, terminan cortocircuitándolo.

Hoy no voy a hablar del sistema educativo y sus desajustes a nivel general, centraré la atención en algo concreto: los deberes escolares.

Los deberes son trabajo que el niño debe realizar una vez ha terminado su horario lectivo, horas extra tras sus 5 o 6 horas de trabajo en clase. El día a día de algunos niños durante el curso escolar puede llegar a ser una verdadera jornada laboral. El peque se levanta sobre las 8 y se prepara para ir al cole, al llegar se sienta y permanece así, quietecito, durante cinco o seis horas. Solamente le permiten moverse en algunas asignaturas como educación física o en la media hora del recreo. Al salir, llega a casa y le quedan (dependiendo del cole y los profesores) entre una y tres horas de deberes. Cuando termina de hacer los deberes tiene que bañarse y cenar, el hueco que queda entre medias es su hueco para jugar o hacer otras cosas. Cuando hay examen, este hueco puede reducirse aún más o desaparecer.

Pero, ¿qué es lo que necesita un niño para que su proceso evolutivo siga un curso saludable? Los niños tienen necesidades fundamentales, necesidades que si no son cubiertas generan inevitablemente consecuencias negativas e importantes. A parte de las necesidades básicas de alimentación, seguridad o higiene, los niños necesitan atención, cariño o compañía; además, necesitan jugar y explorar. No es que les venga bien el cariño, la atención o el juego, es que para su adecuado desarrollo tanto a nivel intelectual, social o emocional es imprescindible que dichas necesidades estén cubiertas.

La infancia es un periodo crítico para el desarrollo de la personalidad, es la base de nuestro estado de animo o nivel de ansiedad futuros. El modo de vernos a nosotros mismos o de relacionarnos con el mundo está fuertemente condicionado por lo que nos ocurre en esta época de la vida. Por tanto, toda necesidad no cubierta o cubierta parcialmente en la infancia dejará un poso que lastrará la evolución de la persona.

Un niño necesita jugar, sin embargo, pasa entre 7 y 9 horas sentado sin hacerlo, dedicado a contenidos académicos. 7 o 9 horas sin jugar, sin explorar, sin que mi padre o mi madre se relacionen conmigo desde el punto de vista afectivo o lúdico. En esos días de cole y tareas, ¿cuando juegan?, ¿cuando exploran?, ¿cuando nos abrazan o se tiran al suelo con nosotros?, ¿cuanto tiempo queda para compartir el afecto y el contacto familiar?, ¿y para salir al aire libre? Desde el punto de vista de las necesidades infantiles es ya un despropósito mantener a niños y niñas sentados, sin moverse y con la prohibición de jugar, durante toda la jornada escolar. Es ya rizar el rizo cuando llegan a casa y tienen que estar otra hora o dos horas (he visto casos de incluso 3 o más horas haciendo deberes) sin dedicarse a hacer lo que un niño debería hacer para desarrollarse sano y feliz.

Para justificar esta sobrecarga de trabajo a los niños, se escuchan argumentos como el siguiente: los deberes enseñan al niño el valor del esfuerzo y la constancia. El mensaje que en ocasiones resuena es que un niño que no trabaja “bien” en casa podría convertirse en un vago, tendrá como hábito no esforzarse, pasar de todo. En realidad, analizando estos argumentos desde una perspectiva profesional, es justo lo contrario: al sobresaturar al niño con horas de colegio y deberes, éste comienza a generar emociones negativas asociadas a dichos contextos. No es raro que el resultado sea un rechazo general a todo lo académico por lo excesivo, desbordante y desajustado a su momento evolutivo.

Para desarrollar en el niño la cultura del esfuerzo, debe aprender que el esfuerzo genera sensaciones agradables, el esfuerzo recompensa, el esfuerzo me ayuda. Solamente un esfuerzo que provocó consecuencias positivas se convertirá en hábito. Recordemos que tenemos unos niveles altísimos de fracaso escolar, y esto no es culpa de los niños, jamás puede ser culpa de ellos, es mucho más plausible la hipótesis que dice que es el sistema educativo el que está generando rechazo en sus propios estudiantes, porque estudiar no es divertido, ni compensa ni hace feliz. Los estudios en estas edades tempranas, alejan a niños y adolescentes de sus propias necesidades.

¿Qué pasa cuando le pides a un niño lo contrario de lo que necesita (en términos evolutivos)? Empieza a reaccionar: aburrimiento, mala conducta, frustración, desánimo… La gente que acude a mi consulta por estos temas siempre me comentan lo siguiente: es que no hay forma de que haga los deberes, se intenta escapar en cuanto puede, nos desafía, nos toma el pelo. Después de lo descrito antes, ¿no parece lógica esta actitud? El niño solamente reacciona emocionalmente a la situación y lucha por cubrir sus necesidades, y para ello usará sus armas de niño: desafiará, pasará de nosotros, intentará engañarnos diciéndonos que no tiene deberes, etc, etc.

En este contexto abrumador, donde las obligaciones académicas parecen copar la vida de los niños, se dan situaciones preocupantes, situaciones que me he ido encontrando en mi trabajo con familias. Hay niños que son buenos deportistas, hábiles socialmente, cariñosos, respetuosos y que, sin embargo, al evaluar lo que les ocurre, compruebo que su autoestima está en niveles muy bajos. ¿Cómo puede ser? Pues es sencillo, hay veces que los niños no rinden como sus padres o profesores esperaban, probablemente su momento personal es delicado (generalmente por una situación familiar o social) y no pueden concentrarse en las tareas y el colegio como el sistema exige. Recordemos que el sistema no se adapta al niño, exige a todos los niños lo mismo, que ya es excesivo per se. La cosa se complica cuando además el niño está pasando por una mala época, en este caso el nivel de presión puede llegar a ser inasumible.

Si no puede rendir en algo que ocupa casi todo el día y en lo que tanto se incide desde la sociedad y la familia, su autoestima bajará, inevitablemente. La cabecita del peque elabora el siguiente mensaje: como todo lo que ocupa mi vida son estudios debe ser que mi valía depende de mi rendimiento en los estudios. Es una pena que la autoestima de un niño dependa de si lleva o no lleva los deberes impecables, o de si soporta o no soporta estar 7 o 10 horas dedicado a aprender con un método que no se ajusta a su momento evolutivo.

En un mundo ideal, los adultos y los sistemas que diseñamos los adultos estarían adaptados a las necesidades que los niños y adolescentes tienen, estoy hablando de necesidades de juego, movimiento, aprendizaje, exploración, contacto social o necesidades afectivas, por citar algunas. Pero nuestro mundo está muy lejos de ser ideal. No obstante, y afortunadamente, existen muchos movimientos sociales que están consiguiendo en cierta medida cambiar las cosas, gente que reivindica la importancia de diseñar contextos para niños que se basen en qué necesitan los niños, en vez de tratar de convertirlos en pequeños adultos. Aunque uno no quiera o no pueda ejercer una militancia activa en este tipo de movimientos, hay infinidad de cosas que podemos hacer a nivel individual. Esto es complejo, desde luego, pero los adultos tenemos plena responsabilidad en la crianza y educación de los más pequeños, y si el sistema está desajustado, es nuestra responsabilidad tratar de compensar esto, haciendo lo posible para que el niño pueda vivir su infancia de un modo saludable.

Animo a reflexionar sobre lo que nuestros hijos y alumnos necesitan, e insisto en la importancia de hacer lo que esté en nuestra mano para ajustar el desajuste, vamos a trabajar por ellos y para ellos a pesar del sistema educativo actual. Ya hay cada vez más maestros, padres, educadores o cuidadores que lo hacen, la influencia de este trabajo sobre los niños es enorme, solo puede dejar posos positivos en su desarrollo.

3 Comments

  1. Manolin dice:

    Estoy de acuerdo con todo, creo que no deberían tener más de tres horas al día de deberes extraescolares para que luego puedan coger una azada y labrar el huerto

  2. Fernanda dice:

    Soy maestra de primaria, no soy partidaria de mandar deberes y si lo hago procuro que sean tareas que motiven a los niños por ejemplo lanzo una pregunta y les dejo con la intriga para que busquen la respuesta, les invito a investigar sobre algo o recurro a las nuevas tecnologías para que la tarea sea así más motivadora. Y Ojalá pudiera hacer cosas mucho más interesantes

    • Hola Fernanda,
      No es poco que, con la presión que ejerce el sistema también a los propios docentes, puedas plantearte alternativas que enriquezcan a los niños. A mi me parece que ya solo eso tiene mérito. Al final consiste en poner cada cual, del modo en que buenamente se pueda, el granito de arena para mejorar lo existente.
      Gracias por tu comentario.

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