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¿Necesito terapia?

No me he podido resistir a colgar la foto de este genio que, aunque nunca estuvo loco, desarrolló una deliciosa e irresistible locura que terminó siendo su mayor genialidad. Hablando de locos que no lo son: ¿Todavía hay gente que piensa que si acudes a un psicólogo es porque estás chalado? ¿Aún quedan rezagados que piensan de este modo? Bueno, como este tema ya debería estar superado y no creo que haga falta insistir en él, hoy me pararé en otras cosas.

La gente suele buscar terapia cuando el nivel de malestar emocional llega a un límite muy desagradable, la persona se siente mal con demasiada frecuencia y, además, lleva meses o años dando palos de ciego sin lograr una mejora notable. También hay personas que directamente están tan desesperadas, que el psicólogo puede notar como el fantasma del suicidio amenaza con manifestarse desde la primera sesión.

La pregunta que lanzo hoy al aire es la siguiente: ¿y si no esperásemos tanto? ¿Y si acudiésemos a terapia con los primeros síntomas? ¿En qué cambiaría la historia?

Recordemos que terapia no es ni más ni menos que un trabajo que, con la ayuda y orientación de un profesional, cualquier persona realiza en la búsqueda de un cambio a mejor. Es algo mucho más normal de lo que parece: uno se sienta delante del terapeuta, expone una serie de objetivos a conseguir para sentirse algo mejor de lo que se siente y el profesional, basándose en conocimientos técnicos y en un buen vínculo terapéutico, trata de acompañar a esta persona en su mejoría. El paciente o cliente se embarca en una tarea que suele resultar muy gratificante ya que, si el terapeuta hace bien su trabajo, la persona ganará en autoconocimiento y mejorará su relación consigo misma y con el entorno que la rodea.

El que acude a terapia termina cambiando lo que desea, o al menos gran parte, ganando en calidad de vida y, en definitiva, mejorando su bienestar emocional, que es de lo que se trata. Lo malo es que este trabajo es mucho más costoso y más lento cuando el problema lleva instalado un largo tiempo. Cuando he tratado a gente que no esperó tanto, que no dejó que su problema se hiciera crónico y se instalase en su vida, el cambio se dio con mucha más facilidad, y el esfuerzo para conseguirlo fue mucho menor.

Ahora voy algo más allá: ¿Y si no esperásemos a estar mal, ni siquiera un poco? ¿Y si trabajásemos por nuestra salud mental por puro deporte? Hablo de usar la terapia como vía para conocerse mejor. Como dije en la entrada Autoconciencia, encontrarse entre tanto ruido, apenas nos conocemos, apenas sabemos de nuestras propias carencias o potencialidades. Hacemos ejercicio físico o cuidamos la alimentación para mejorar nuestra salud física, ¿por qué no practicar el deporte de la salud mental?

Ya que hablamos de terapia, hablemos un poco de salud mental. Voy a sintetizar más o menos el modo en el que solemos actuar cuando nuestra salud mental se resiente. Cuando nos sentimos mal la tendencia es huir, huir de nuestros fantasmas interiores, de los conflictos latentes que atenazan la mente. Esa huida es muy humana, escapar de lo que me hace sentir mal es lo que llevamos haciendo desde siempre y lo que nos ha servido para sobrevivir como especie.

Para no sufrir con una persona nos alejamos de ella, para no entristecernos con ciertas situaciones las evitamos, para no caer en depresión tratamos de distraer la mente, de no parar de hacer cosas porque si paro el desánimo  o la ansiedad toman el mando de mis emociones. Esta huída es un recurso que a corto plazo resulta necesario y útil, sin embargo, huir tiene un efecto secundario, a saber, el conflicto, lo que realmente hace que nos deprimamos o llenemos de ansiedad, nunca se resuelve. Si no elaboro lo que me está ocurriendo, no paso página. Yo no tengo conflictos, diría alguno. El no ser consciente de ellos no significa que no existan, porque conflictos tenemos todos, sin excepción, es normal, el cerebro no es una máquina perfecta y crea cortocircuitos inevitablemente. Si no fuera así a todos nos afectarían las cosas del mismo modo: nos enfadaríamos por lo mismo, nos sentiríamos tristes por lo mismo, nos pondríamos violentos ante lo mismo, temeríamos las mismas cosas…

La terapia enseña a no escapar, fomenta la autoconciencia y la elaboración lo que nos ocurre; y el objetivo es salir fortalecido de dicho trabajo. Todos albergamos heridas procedentes de nuestra historia. Insisto, todos, no hay nadie que esté a salvo de tener alguna tara debido a las circunstancias que le tocó vivir. También albergamos recursos personales, nuestro ciclo vital nos cargó de armas y fortalezas cuya existencia muchas veces desconocemos. Una terapia consiste precisamente en detectar y trabajarnos tanto nuestras debilidades como nuestros recursos; y ganar autoconciencia, que no es ni más ni menos que el conocer a fondo quien soy, qué me pasa y por qué me pasa.

Como se intuye, no pienso responder de forma absoluta a la pregunta que titula este artículo, porque necesitar, lo que se dice necesitar, nadie necesita terapia hasta que dice basta ya de pasarlo mal, vamos a trabajarnos esto que me está ocurriendo. Cada uno pone su límite, no lo tengo que poner yo como terapeuta. Ya reflexioné sebre este asunto en el post El límite entre lo normal y lo patológico. Ni qué decir tiene que si te encuentras en un círculo vicioso, en la situación frustrante de arrastrar uno o varios problemas desde hace tiempo, una terapia es lo más adecuado y rápido para salir adelante. Pero en lo que insisto hoy, es en que no deberíamos esperar a sufrir tanto ni a desesperar, porque en el mundo sobra ya mucho sufrimiento. Mi recomendación es que se actúe antes, hacer lo posible por evitar la situación de necesitar una terapia.

Cada vez más gente se acerca a la consulta con la simple intención de conocerse algo mejor y desarrollar de un modo más consciente la importante capacidad para disfrutar de uno mismo y de lo que te rodea, y de superar los retos que nos plantea vida, que son muchos y de muy diversa naturaleza. Soy psicoterapeuta y puede que penséis que os estoy vendiendo la moto para ganar clientes,  ahora que acabo de inaugurar mi propio centro de psicología. Pues bien, un poco es así, jeje, pero, en serio, la gente aprende mucho y disfruta cuando se embarca en una terapia individual o grupal. Haced el experimento si podéis, sea yo el elegido o sea otro terapeuta, animo a todo el mundo a probar. Al fin y al cabo es trabajar por nuestra salud, ¿hay algo más importante?

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