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La depresión y su origen

La Organización Mundial de la Salud estima que en 2020 la depresión será la segunda causa de muerte en el mundo occidental. Cuando leí este dato no daba crédito y, de hecho, aún me parece mentira. Es devastador y preocupante. Sin embargo, se podría evitar,  solo que habría que contratar terapeutas que reforzasen el  precario sistema público de salud mental actual, eso salvaría vidas, que a nadie le quepa duda. No parece que eso vaya a ocurrir de aquí a 2020, más bien al contrario. De momento, solamente los recursos privados podemos tratar adecuadamente (con tiempo, con una adecuada frecuencia entre sesiones, etc) a personas con este tipo de afecciones del estado de ánimo. Lo malo es que desgraciadamente no todo el mundo se lo puede costear.

Hace ya mucho tiempo expuse en Actuar contra el desánimo algunas ideas sobre la tristeza y la falta de ganas y lo que uno puede hacer para luchar contra estos elementos cuando se salen de los límites saludables. Es esta entrada la más visitada del blog, aspecto que me ha motivado a complementarla y completarla. Es el objetivo de hoy. Iré algo más allá del simple desánimo, analizaré qué significa esa etiqueta diagnóstica llamada depresión, cómo se origina, por qué es tan destructiva y qué hay que hacer para plantar cara a semejante titán.

Se dice que una persona está deprimida cuanto se siente triste o vacía la mayor parte del tiempo. Es también frecuente la culpa o la sensación de incapacidad. Ya he hablado de la falta de ganas o energía, aspectos que suelen mezclarse con una notable incapacidad para sentir placer o disfrutar de las actividades que se hacen. Otros síntomas son la dificultad para concentrarse, la fatiga, el insomnio o la hipersomnia y la irritabilidad. A nivel cognitivo (el del pensamiento y razonamiento de las personas, para que nos entendamos)  se da lo que se denomina tríada cognitiva, es decir, una visión altamente negativa sobre el yo, sobre el mundo y sobre el futuro. Podríamos describir metafóricamente esta tríada como unas gafas de pesimismo, a través de las cuales es muy complicado ver la salida a lo que está ocurriendo. Pues bien, poniendo en la coctelera una buena dosis de todo lo que acabo de describir tendríamos lo que los sistemas diagnósticos etiquetan como depresión. De todos modos, como ya expresé en el post El fin del diagnóstico psiquiátrico, la decadencia del tratamiento farmacológico, debemos ser muy prudentes a la hora de manejar esta etiqueta, es un artificio, un estigma que no suele ayudar a la persona a salir de su estado. Esta afección es un problema no porque aparezca en un manual, sino porque genera un desajuste emocional que limita la vida y condiciona el bienestar.

Vuelvo a remitir a la entrada Actuar contra el desánimo, donde expuse que lo que un ser humano es se resume en lo que hace, lo que piensa y lo que siente. Hacer, pensar, sentir. Estos tres elementos son interdependientes, cada uno contamina a los demás. Cuando alguien se deprime, suele sumergirse de lleno en círculos viciosos de pensamientos negativos (tríada cognitiva), sentimientos desagradables y acciones poco favorecedoras del estado de ánimo. Dejemos el hacer, que ya se trabajó en aquel post, vamos a centrarnos hoy en el pensar y en el sentir.

¿De dónde procede lo que pensamos? Pregunta casi filosófica. No somos tan dueños de nuestros pensamientos como creemos, hay ocasiones en que los pensamientos saltan a nuestra conciencia aparentemente fuera de control, situación muy típica cuando alguien se desanima o se deprime. Con el estado de ánimo bajo, lo que ronda nuestra cabeza comienza a tornarse gris, a cargarse de pesimismo. Como catapultados por una fuerza extraña, los pensamientos surgen sin más, nuestra mente se inunda poco a poco de esa maldita tríada: el mundo es malo o está contra mí, yo no valgo para nada y mi futuro es negro. Si me dejo ir, es decir, si no me trabajo todo ese discurso mental tan dañino, entraré en una escalada de negatividad que perforará aún más mi estado de ánimo, añadiendo más tristeza, culpa, rabia o frustración a mi situación emocional.

Esta es la teoría que marca la tendencia general de los seres humanos ante el desánimo, sin embargo, en la práctica no todo el mundo vive esta escalada cuando nota un bajón anímico. No es tan sencillo. Todo el mundo se siente mal a veces, eso es normal e incluso saludable, pero solamente en algunos casos esos sentimientos negativos se convierten en algo más grave. Unas personas se deprimen y otras no, y ante los mismos eventos. ¿Por qué? Los hechos que acontecen en la vida de la gente NO provocan por sí mismos una depresión, la depresión es causada por cómo lo que ha ocurrido se combina con el mundo interior del que lo vive. Ejemplos: una persona con una historia vital de duelos no resueltos será más vulnerable a quedar afectada por un nuevo proceso de duelo, alguien que no fue suficientemente valorado por sus padres se vendrá abajo cuando viva situaciones en las que ha quedado en evidencia su valía, un chico con el que sus cuidadores establecieron relaciones de dependencia se convertirá en dependiente de su pareja y se deprimirá seriamente si ésta lo abandona. He de decir que hay tantos ejemplos como historias vitales.

Dicho esto, cierro el paréntesis y voy a tratar de contestar de una vez a la pregunta anterior, esa tan filosófica: ¿De dónde procede lo que pensamos? Nuestros pensamientos o, mejor dicho, nuestra tendencia a pensar de un determinado modo, se forja a través de nuestra historia  Todo comienza en la infancia, cuando más vulnerables e influenciables somos; son nuestros cuidadores principales los que nos enseñan cómo está estructurado el yo, la vida y las relaciones entre las personas, y cómo manejarse en esa selva resultante. A consecuencia de ésto interiorizamos una serie de esquemas mentales que quedarán grabados a fuego. Estos esquemas son los modelos a través de los cuales organizamos el mundo y afrontamos los inconvenientes y los éxitos.

Cuando los esquemas mentales se consolidan quedan latentes, es decir, guardados en la mente, preparados para actuar cuando les toque. Se activarán cuando una situación concreta, real o simbólica, los despierte. Al activarse los esquemas escupen una serie de pensamientos, llamados pensamientos automáticos. Voy poner un ejemplo muy simple que ilustre lo que acabo de explicar. Pepito ha interiorizado, debido a una historia de carencias afectivas y a la pobre gestión de las emociones que hicieron sus padres, que no se puede confiar en que la gente te ayude, por lo tanto, cuando se siente mal y necesita ayuda se activan esquemas como “nadie me va a ayudar” o “si muestro mis sentimientos, la gente podría ver que soy vulnerable”, “se van a aprovechar de mi debilidad”, “hay que ser fuerte”… Estos esquemas escupirán pensamientos en las situaciones concretas relacionados con el esquema. Imaginemos que una persona, de buena fe, insiste en ayudar a Pepito, los pensamientos automáticos de este chico podrían ser “qué pesada, ¿por qué no me deja en paz?”, “¿qué coño quiere de mí?”, “¿es que no se da cuenta de que no necesito la ayuda de nadie?”.

Veamos como se traduce todo esto en el caso concreto de estados depresivos.

Puede ocurrir que muchos factores converjan en un mismo punto, y que el resultado sea lo que llamamos depresión. Trataré de explicarme. Hagámonos una idea de una persona con un puñado de esquemas depresivos generados a través de su historia vital: ideas negativas y pesimistas sobre el yo, el mundo y el futuro. Ese modo de pensar, ese cúmulo de negatividad, que se ha depositado en el interior de su mente, hace a la persona más vulnerable ya de por sí. Sin embargo, vamos aún más allá, vamos a suponer que en su vida ocurre un hecho que simboliza todo aquello que sus esquemas preconizan, por ejemplo, es abandonada por su pareja, sufre una pérdida familiar o es despedida de ese trabajo en el que sí se sentía valiosa. Si todo esto ocurre, es posible que los esquemas se conviertan en el modo definitivo de ver la vida. El pensamiento se habrá instalado en la negatividad y la desesperanza y el comportamiento tenderá a la inacción, a la pasividad. La falta de ganas y la apatía minarán las energías para salir del bache. La tristeza, la rabia, el sentimiento de impotencia y frustración empañarán con una niebla espesa la conciencia de esa persona. Depresión. Cada situación tenderá a ser evaluada de forma negativa, saltarán, como impulsados por un muelle, todos los pensamientos automáticos derivados del estado depresivo reinante (Por ejemplo: “para qué voy a salir de casa”, “no valgo para nada”, “soy un inútil”, “mi vida está vacía”, “no merece la pena”…).

Hacer, pensar, sentir. Acabo de repasar, muy grosso modo, lo que pasa en el pensamiento de los seres humanos. Pero, ¿por qué esos sentimientos tan intensos?, ¿por qué una persona, ante el mismo acontecimiento, se siente  algo tristona y otra directamente se deprime hasta llegar a desear quitarse de en medio? Los sentimientos también suelen bailar latentes, muchas veces ocultos, en la mente de la gente. Aunque nadie sea del todo consciente, las emociones se hallan asociadas a todas y cada una de las vivencias por las que pasan las personas. Mis sentimientos actuales van a estar condicionados de modo definitivo por factores como los siguientes: el modo en que me educaron y valorizaron, cómo las personas que tuvieron vínculo conmigo atendieron a cómo me sentía de pequeño, de adolescente o de adulto, la imagen que sobre mí mismo proyectaron cuidadores principales y secundarios, el modo en que se gestionó mi sufrimiento, el modo en que me enseñaron a apreciar lo positivo del mundo, a fabricar luz en la oscuridad…Hay un largo etcétera pero todo está en la historia de cada persona. Todos nacemos con sentimientos, pero de qué forma actúen dichos sentimientos sobre nosotros y la intensidad con que lo hagan, dependerá del papel que nos haya tocado representar en la película de nuestra vida.

Ya podemos intuir el modo en que se origina pero, ¿cómo se sale de una depresión?

De la depresión se sale fácil: algo de distracción, actividades gratificantes, detectar y trabajar nuestros pensamientos negativos, sustituírlos por algunos más positivos, ver el mundo de color y no en blanco y negro… Lo que prodigan muchos libros de autoayuda, al fin y al cabo. Sencillo. ¡Y un cuerno!, pensareis. Si fuera tan fácil nadie se deprimiría. De un estado puntual de tristeza se puede salir con relativa sencillez, pero cuando todo se vuelve crónico, si hablamos de algo más dañino y estable, entonces se requiere de un trabajo mucho más intensivo y profundo.

Hay técnicas para detectar pensamientos negativos y tratar de sustituírlos por otros más constructivos, también hay modos de entrenar a la gente en la planificación de actividades gratificantes que suben el ánimo, hay técnicas de solución de problemas. Muchos profesionales estamos formados en este tipo de técnicas, un repertorio valiosísimo y, en muchos casos, eficaz, para modificar nuestro aquí y ahora. Sin embargo, cuando el daño de la persona es profundo, cuando hay esquemas clavados sobre la mente de la gente, cuando existen unos sentimientos que empujan hacia la desesperanza y la decepción como un río que se desborda y arrasa a su paso, en estas condiciones no hay más remedio que ir más allá y trabajar la historia.

Si la persona no viaja a su interior para averiguar cuáles son las figuras que proyectan su sombra en el aquí y ahora, todo el trabajo que se haga, aún siendo valioso, será más bien un parche temporal que mejorará los síntomas pero no todo lo que se esconde debajo. Todo esquema mental tiene un origen, todo sentimiento se asoció a una situación por algo.

La experiencia clínica demuestra que todo es modificable, somos maleables. Se puede agarrar un esquema mental y convertirlo en una  herramientas útil, también se puede bailar con los sentimientos, sacarlos de sus cajones y asociarlos a nuevas situaciones. Para ello, solo queda viajar hasta las profundidades de nuestra historia vital y sacar algunas conclusiones.

9 Comments

  1. victor dice:

    Hasta se me ha hecho corto. muy bueno….comparto.

  2. Ludmila dice:

    Estoy de acuerdo con Víctor. Fácil de leer, parece el capítulo a medias de un buen libro. Qué bueno.

    • Diego Sango dice:

      Gracias Ludmila. Siento la sensación de dejar a medias al personal. Todos estos temas tienen tanta chicha, que se podría escribir un libro de cada uno. Luego siempre dudo si extenderme o no extenderme más, yo me entusiasmo al escribir pero nunca sé si al resto le va a parecer la parrafada demasiado larga.
      Besos.

  3. noe dice:

    Un artículo fabuloso y muy bien escrito. Nadie se pregunta por qué en 2020 habrá tanto deprimido? Si miramos los altos niveles de aluminio, mercurio y demás agentes tóxicos a los que estamos expuestos diariamente, lo mismo encontramos la respuesta.

    • Diego Sango dice:

      Todo influye claro que sí. Está demostrado que la alimentación incide, como un factor predisponente más, sobre el estado de ánimo y sobre el nivel de ansiedad de la gente.

  4. Cristina dice:

    Muy interesante esta y todas las entradas. Siempre miro el blog para ver las novedades e intentar conocer un poquito más.
    Gracias

  5. Ines dice:

    Me ha encantado la parte de que con trabajo todo se puede superar.
    Yo pase una mala epoca y aunque parezca una tonteria empece a leer un libro sobre el budismo y me ayudo muchisimo a controlar la ansiedad.

    MIL GRACIAS POR LA EXPLICACION!!

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