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El estigma del niño hiperactivo

 Llevo más de doce años ejerciendo, los últimos seis realizando un trabajo especializado en menores y familia, lo que ha hecho que me encuentre, día sí día no, con niños diagnosticados con déficit de atención, con y sin hiperactividad. Todos y cada uno de los niños con este diagnóstico tenían tras de sí una historia familiar compleja e inmanejable, al menos para ellos. No sabían defenderse de lo que estaba ocurriendo en sus familias porque simplemente, por su edad y su capacidad madurativa, no tenían las herramaientas suficientes. Lo triste de la situación es que, y esto es responsabilidad de los profesionales y no tanto de los padres, la familia traía a su hijo a tratamiento afirmando que “el niño tiene un problema, incluso hay que medicarle”.
En la dinámica familiar y el estilo de crianza de los casos de niños con hiperactividad se suelen observar ciertos elementos estresores, si éstos se prolongan en el tiempo puede llegar un punto en que el niño ya no es capaz de estar relajado, sufriendo serias dificultades para controlar sus propias emociones. Entonces, ¿quién tiene aquí un problema?, o mejor dicho, ¿quién tiene la responsabilidad del cambio?

Tampoco hay que caer en el error de desplazar la culpa a los padres castigándoles por no hacer su papel adecuadamente. Eso no tiene sentido. Excepto casos extremos, los padres hacen lo que pueden porque sus hijos estén bien. Muchas familias no son conscientes de cómo su dinámica afecta a sus hijos, también hay gente que no conoce modos de educar distintos a los que ellos mismos vivieron con sus propios padres. Sí, la gran mayoría hace lo que está en su mano con la mejor intención, pero hay veces que esto no es, necesariamente, sinónimo de hacerlo perfecto. Además, cuando el profesional estigmatiza al niño, depositando en él la patología, está obstaculizando que la familia entienda que tiene algo que cambiar.

Si se etiqueta a un niño interiorizará que la etiqueta es su identidad (soy hiperactivo, me porto mal, no sé controlarme…). Además, el niño percibe que por “su problema” la familia sufre. Mensaje: tengo la culpa de que mi familia lo esté pasando mal. Consecuencia: más ansiedad, menos autoestima, más frustración, más síntomas. Más hiperactividad. Y lo malo es que la  la cosa se va agravando ya que, debido a sus inmaduras capacidades, un menor por sí solo no puede “dejar de ser hiperactivo”. Por mucho que lo intente no puede realizar esta titánica labor si su entorno no cambia con él.

Consumiendo fármacos el menor estará algo más tranquilo, más drogado sería mejor decir, pero sin un apoyo terapéutico a la familia la situación volverá al punto de partida en poco tiempo. Arriesgándome a recibir feroces críticas de psiquiatras, médicos y, por su puesto, de la industria farmacéutica, afirmaré rotundamente que los psicofármacos podrían evitarse en un número altísimo de casos, simplemente trabajando las relaciones familiares y promoviendo un vínculo adecuado con el niño. No quiero decir con esto que no haya casos graves en los que la medicación sea importante, el caso es que si no se modifica la fuente de estrés, podremos bajar el nivel de ansiedad y descontrol del niño a base de medicación, pero la fuente seguirá emanando sus efluvios.

Por otro lado, el sistema educativo actual tampoco ayuda a la hora de canalizar el estado emocional de estos niños, a pesar del empeño y la buena voluntad de mucha gente que trabaja en los centros educativos. Sobre este tema hoy no me voy a extender, mi opinión al respecto la podeis encontrar en la entrada El desajuste en la educación.

La experiencia clínica dice que un niño no puede cambiar por sí solo, no sabe cómo, y la medicación solamente es un parche temporal, en ningún caso definitivo. El núcleo familiar tiene que verse modificado para que el niño mejore. Su diagnóstico no significa que tenga una patología suya y solo suya, los niños no se inventan síntomas ni trastornos, solamente reproducen lo que están viviendo, y las vivencias más influyentes son, sin lugar a dudas, las que tienen dentro de sus familias.

Los niños reproducen su malestar a través de síntomas, cosa que por otro lado les pasa también a los adultos, y la manifestación más natural del sufrimiento del niño es el comportamiento. Si llaman la atención es porque necesitan que alguien les atienda, probablemente porque se sienten inseguros o necesitados de apoyo; si se comportan de modo desestructurado o agresivo es porque hay algo que les está enrabietando o frustrando; si no paran de moverse es porque se sienten estresados y necesitan canalizar toda esa ansiedad. Algo está pasando en su entorno.

La pregunta es ¿donde está el origen del síntoma?

16 Comments

  1. Malamirada dice:

    Muy bueno, coincido totalmente. Cada día hay más casos de si el niño da guerra, lo medicamos.

    • Diego Sango dice:

      Gracias Malamirada, eres de los más fieles seguidores. Y de los pocos miembros del blog, a eso la gente no se apunta, yo creo que se creen que luego les pueden llegar e mails donde les vendo vajillas o aspiradoras de la mente corriente.
      Un abrazo.

  2. Hola Diego, la Vanessita al habla.
    respecto a la hiperactividad en las/os niñas/os…el tema tiene tela…y la medicación me parece algo terrorífico, habrá casos, como tú dices en el articulo, en que sea necesario (soy un poco anti fármafia..pero bueno)…pero en realidad, quizá sea la sociedad la que no está preparada para esas/os niñas/os….se pretende una homogeneidad en el comportamiento, y si alguien se sale de ahí , ya es un motivo para medicarle…igual pasa con los adultos…y creo que realmente son la madre y el padre los que no están preparados para su hija/o…
    de acuerdo completamente contigo en que las/os niñas/os no son el problema…son las situaciones que las personas adultas les hacen vivir… y he vivido mil casos en los que se le achacaba el problema al menor cuando en realidad era el adulto quien necesitaba ayuda para gestionar sus emociones y así poder educar de una manera sana…la educación es otro tema que tiene tela…repetir patrones llenos de fallos y comportamientos erroneos no lleva a ninguna parte y hoy en dia hay tanta información si se quiere encontrar..que es una irresponsabilidad actuar sin pensar…pero quizá sí que hay gente que ni siquiera se plantea que es posible educar de otra manera, porque ni siquiera se ha planteado reeducarse a sí mismo…cosa muy necesaria…
    te seguiré leyendo ….desde Japón….besos pa los 3 !!!

    • Diego Sango dice:

      Hola Vanesitta!
      No sabía que me leías. Espero que te esté llendo bien en tu nueva aventura en Japón.
      Estamos bastante de acuerdo por lo que veo. El día que discrepes escríbeme también sin ninguna piedad. 😉
      Un besazo, me alegra mucho verte por aquí.

  3. Manolín dice:

    Diego, tengo una consulta: Muchas veces no me mantengo sentado en mi silla, cuando por parte de mi entorno se debería esperar que me mantuviera sentado, ¿tengo TDAH?

  4. Manolín dice:

    Tienes razón en eso de que toda madre o padre intenta dar lo mejor a sus hijos, pero muchas veces nos equivocamos y eso es natural, pero hemos llegado a un límite en el que se ha dado la vuelta totalmente a la tortilla, porque existen muchísimas prácticas de padres, que hace 10 años podrían ser denunciadas y pasar a formar parte de la comisión de tutela, con el peligro de perder a sus hijos por su propia negligencia como padres, mientras que hoy en día, gracias a “profesionales” que diagnostican a diestro y siniestro a niños con TDAH (y me pregunto yo, es el TDAH una enfermedad o un tipo de comportamiento), no solo eximen a esos padres de su negligencia, sino que además se ven apoyados, porque ¡pobrecitos! lo que tienen que sufrir con sus cachorros. ¡VENGA YA HOMBRE!
    Siento haberme puesto violento, pero está el mundo del revés. Muchas gracias

    • Diego Sango dice:

      No te pongas violento, Manolín. 🙂
      Lo único que pasa es que hace falta hacer mucha prevención con los padres, que no se hace porque no hay iniciativas políticas ni se destinan recursos, y mucha formación a los profesionales, que tampoco. Ni qué decir tiene el sospechoso papel que juegan aquí las industrias farmacéuticas, que harán lo posible para fomentar que el sistema medique a los niños. En fin, esto es solo la punta del iceberg y al final, sí, los niños son los que están pagando el pato.

  5. Manolín dice:

    Entonces, ¿tengo TDAH?

  6. Noelia dice:

    Mi nena tiene 6 meses y derrocha energía por todos lados… igualita que su padre. Ya he oído un par de veces por parte de un familiar aquello de “A ver si va a ser hiperactiva…”. Si fuera al pediatra con la duda seguro que me recetaba pastis. Aquí en USA tardan cero coma en prescribirlas.

    Hace tiempo vi una entrevista muy interesante (ahora no recuerdo el nombre de la entrevistada) en la que se decía que los niños desde muy pequeños están plantados delante de la tele mogollón de horas. La mayoría de los programas tienen un montón de cambios de imágenes en un espacio muy corto de tiempo y eso hace que luego no se satisfagan con que la vida no vaya “al mismo ritmo” que la tele. También se decía que esos niños de mayores serían inconformistas y mi duda es si también les produce TDAH.

    Gracias Diego!

    • Diego Sango dice:

      La energía que derrocha tu niña es un indicador de sus ganas de explorar, cosa bastante saludable. Solamente hay que asomarse para ver si está pasando algo si llora continuamente o si se la viera tensa y ansiosa. Es decir, si uno detecta que se siente mal. Moverse y no parar es casi casi su trabajo a su edad. No parar significa también no parar de explorar y de aprender.
      La tele de por sí no genera TDAH, aunque según lo que el nene o nena vean y las horas delante de la pantalla puede activarles más o menos. El caja tonta puede contribuír a que un bebé o un niño pequeño tenga menos relación afectiva y social con sus familiares o con sus iguales. Además, mientras que ven la tele no exploran ni desarrollan su creatividad a través del juego espontaneo. Pero la tele no es mala por sí misma. Unos contenidos divertidos y adecuados y un tiempo regulado de exposición al aparato sería lo suyo.

  7. Anonymous dice:

    Yo digo de forma cariñosa que los míos son teletéricos pq no paran, a veces estoy muy cansada,pero prefiero que sean así a q parezcan zombies. También hay veces que pienso que la medicación que toma el bebé de 5 meses para el hipotiroidismo le pueda afectar en algo y por eso esté tan nervioso,pero aun así lo prefiero…. hay niños altos,bajos ,gordos,flacos,tranquilos,inquietos….. q rollo si fueran todos iguales no?? lo importante es q son niños y hay mucho q aprender de ellos.
    Muy bien descrito todo Diego.
    Mayte

    • Diego Sango dice:

      Con ese discurso adelanto que tus hijos se sentirán siempre comprendidos, seguro. Estoy de acuerdo contigo, cada cual es como es y, de hecho, lo normal es que un niño se mueva, explore, aprenda, le inquieten las cosas. Ser inquieto es una virtud no un defecto.
      Un saludo y gracias por los piropos, te has planteado subirme la autoestima y lo estás consiguiendo. 🙂

  8. Ágata dice:

    Bravo Diego,
    Muy coherente todo lo que dices, y más desde la experiencia.

  9. alexa dice:

    porque siempre se estigmatizan a las familias de estos niños muchos padres hacemos lo mejor que podemos o creemos que lo estamos haciendo, y por que uno de nuestros hijos tiene tdha y otro no? mi hijo fue prematuro y fue un embarazo de alto riesgo donde tuve que medicarme con anti coagulantes y otros medicamentos esto no pudo provocar esto?

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