El desajuste en la educación

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El desajuste en la educación

Hablé de refilón del sistema educativo y sus limitaciones en la entrada La importancia del proceso creativo. Hoy me voy a parar un ratito más en este asunto. Últimamente me ha dado por leer y estudiar información al respecto y contrastarla con lo que he aprendido a través del ejercicio de mi profesión, sobre todo en mi relación terapéutica con los niños y sus cuidadores, ya sean padres o profesores. Además, tengo la suerte de trabajar en una institución donde la coordinación con los centros educativos es muy frecuente. De este modo, se me van planteando algunas cuestiones: Desde que se estudia e investiga sobre psicología y aprendizaje en los niños, se ha demostrado que el juego resulta determinante y necesario para un desarrollo saludable y para la consolidación de nuevos aprendizajes y nuevas conductas. Entonces ¿Por qué en nuestro sistema educativo no se aprende jugando? ¿Por qué se prohíbe a los niños jugar en las aulas?

No hace falta ser profesional del tema para saber que para generar soluciones a los problemas que a uno se le presentan (laborales, académicos, de relación con los demás, económicos…) debemos ser creativos, es decir, debemos manejar alternativas de muy diferente naturaleza para afrontar las dificultades que van apareciendo. Entonces ¿Por qué nuestro sistema educativo no potencia la creatividad de los niños? ¿Por qué no existen asignaturas relacionadas con el desarrollo del proceso creativo?

Es bien sabido también que cuando una persona se encuentra bien de ánimo y con una autoestima aceptable, cuando una persona confía en sus posibilidades porque se siente valiosa, entonces esa persona aprende más y mejor, digamos que su capacidad retentiva se hace más esponjosa, absorbe mejor el conocimiento. ¿Por qué entonces no se atiende el componente emocional en las aulas? ¿Por qué sólo importa el resultado académico, la calificación final? ¿Acaso aprender a cuidarse emocionalmente o a sentirse mentalmente sano no es educación?

Las personas de corta edad necesitan jugar, porque otro modo de aprendizaje resulta poco natural y presenta incompatibilidades con el momento evolutivo del niño. Jugar no es un capricho sino una necesidad, y si limito o elimino el juego de un niño, aunque sea unas horas, estoy cortocircuitando su capacidad para aprender nuevos conceptos y nuevas formas de afrontar los problemas de su entorno. Por si esto fuera poco, el niño canaliza su ansiedad y su energía jugando, libera tensiones, por eso algunos chicos se toman el colegio como un castigo, es como si les castigasen sin jugar. Imaginemos un niño al que le esté pasando algo, que se siente nervioso, que necesita desahogo; imaginemos que en esas condiciones le mandan a un centro donde debe permanecer horas sentado, sin moverse, sin jugar. Trata de desahogarse, y como es normal tratará de llamar la atención para que precisamente alguien atienda de una vez la necesidad de desahogo que tiene. Conozco muchos casos en los que estos niños terminan medicados, “hiperactivos” los llaman. Trabajo a diario y desde hace años con estas situaciones, y lo que ocurre es que estos niños, generalmente por las dificultades existentes en sus dinámicas familiares, solamente necesitan un contexto educativo que gestione sus capacidades de un modo diferente, más ajustado. Pero no nos llevemos a engaño, no es que sean  “esos niños” los que necesitan un sistema educativo mejor adaptado, ellos son solamente un ejemplo de los que más sufren sus fallas. Todo alumno necesita que le eduquen respetando su capacidad y motivaciones, atendiendo a sus necesidades evolutivas. Desde luego hay muchas más preguntas que se me plantean pero si las pongo todas igual aburro al personal, así que utilizaré solamente estos tres puntos como base de mi exposición.

Hace relativamente poco vi por primera vez un documental que explicaba mucho mejor de lo que hoy voy a hacerlo yo todas las fallas de nuestro sistema educativo. Esta interesante película es La educación prohibida y aprovecho para recomendarla por el matiz revelador que contiene. Allí se explican los orígenes de nuestro sistema educativo, situados en la Prusia del siglo XVIII, fue entonces cuando se creó una metodología educativa con un objetivo de control, de modular la mentalidad de la población para que ésta no se alejara de la propia mentalidad de aquel gobierno (un gobierno despótico) y para evitar revoluciones como la que acaeció en Francia, donde rodaron cabezas de nobles y altas personalidades. De ahí la ausencia de la creatividad, del sentido crítico y la presencia de un modus operandi de un sistema que empujaba hacia actitudes sumisas. Niños en fila acatando órdenes, escuchando en silencio a la autoridad, sin opinar, sin hablar, sin jugar. Un adulto legitimado por el estado dice lo que cada niño tiene que aprender, independientemente de cuales sean sus capacidades o sus motivaciones. La verdad es que suena duro, pero lo más llamativo es que siglos después la cosa no ha cambiado en esencia. Y lo peor es que lo tenemos tan normalizado, que automáticamente se suele pensar que todo aquello que nos se ajuste a este modelo es malo, no es lo que debe ser. Podríamos decir que estamos tan contaminados por generaciones educadas del mismo modo que hemos perdido la capacidad de criticar el método en el que aprendimos y en el que aprenden nuestros hijos.Mi tarea hoy no es presentar una metodología educativa ideal, solamente pretendo animar a la reflexión y señalar la importancia del cambio ya que, en mi opinión, en los centros educativos no se está promoviendo suficientemente un aprendizaje saludable. Y desde luego no es éste un problema de los profesionales que trabajan en dichos centros, la capacidad de cada docente está muy limitada, al fin y al cabo hacen lo mejor que pueden para que sus alumnos cumplan con el curriculum exigido a través de los libros y de la metodología reglada. ¿Y qué tiene esto que ver con la psicología? ¿No estamos hablando de educación? ¿No debería callarme y dejar este debate en manos de políticos y profesionales educativos? Resulta que para mí la conexión educación-psicología está clara y es indisoluble.

Los niños desde pequeños pasan muchas horas al día en instituciones educativas, en ocasiones más tiempo que con sus padres, lo que convierte a los colegios e institutos en entidades altamente influyentes en el desarrollo psicológico y emocional. De hecho, según los teóricos del apego los llamados vínculos de apego secundarios, los establecidos con profesores y educadores, son muy importantes en todos los casos, pero especialmente en aquellos en los que los niños presentan necesidades que desde su familia no se están pudiendo cubrir, hablamos de necesidades relacionadas con el desarrollo psicosocial. En este contexto se unen educación, aprendizaje y psicología. Dicho esto trataré de argumentar sobre algo que tienen claro la mayor parte de los investigadores: que nuestro sistema educativo está altamente desfasado y desajustado.

Otro foco de desajuste del sistema actual es el modo en el que se pretende desarrollar la inteligencia del alumnado. Esta labor se realiza a través del aprendizaje de rígidas asignaturas que no permiten que el alumno ponga nada de su parte. No quiero decir que las matemáticas o la lengua no sean importantes, que lo son, sino que el modo de aprenderlas hace que solamente se desarrolle una parte de la inteligencia. Me explico. Desde hace nada menos que 20 años se viene demostrando, a través de investigaciones, que no deberíamos hablar en singular cuando hablamos de inteligencia, ya que existen muchas inteligencias. Es lo que Howard Garder, el profesor de educación y cognición de Harvard  y Premio Príncipe de Asturias de Ciencias, llama “las inteligencias múltiples”. Recomiendo a este respecto el capítulo del programa Redes De las inteligencias múltiples a la educación personalizada, donde Punset entrevista a Gardner y hablan ampliamente del tema. En mi opinión este hombre ha demostrado claramente que el Coeficiente Intelectual, una de las vacas sagradas en cuanto a calibrar el potencial de las personas, no mide con rigor la capacidad intelectual, solamente presenta una medida parcial y circunscrita a un momento temporal concreto de elementos escasamente representativos de la totalidad de la inteligencia. Gardner destaca varios tipos de inteligencia: la visual-espacial, la musical, la intra personal, la inter personal, la naturalista, la lógico matemática, etc. Parece ser que un objetivo fundamental de la educación es promover la capacidad de seguir aprendiendo y esto está directamente relacionado con regar la planta de la inteligencia. Si nos fijamos bien caeremos fácilmente en la cuenta de que en nuestros centros educativos solamente se cultiva una parcela del gran terreno que abarca la inteligencia. Aprender a relacionarse con los demás, a relacionarse con uno mismo, a valorar el entorno, a ser creativo o conocer y desarrollar las disciplinas artísticas es y debe ser una parte fundamental de la educación de los niños, de lo contrario la capacidad de la persona ante los avatares de la vida y ante la adquisición de nuevos conocimientos y destrezas quedará, en mi opinión, gravemente cercenada.

Otro autor, Daniel Goleman, nos habló en su libro más famoso, convertido ya en un best seller, de la Inteligencia Emocional (ambas palabras dan título a la obra). De lo que habla Goleman es de que lo crucial, lo que hace triunfar a una persona en lo laboral, en lo social o en el amor es precisamente la buena salud de este tipo de inteligencia. Saber gestionar nuestras emociones y conocer cuales son las de los demás y cómo actuar cuando las detectamos es realmente lo que nos catapultará hacia el éxito, en todos los sentidos. Sin embargo, este campo también se encuentra sin abonar en la escuela.

Llevo mucho tiempo reflexionando sobre todos estos asuntos y me parece muy urgente un cambio, sinceramente. Actualmente se enseña un estándar de un modo rígido, utilizando una base metodológica que se remonta a la época del despotismo ilustrado del siglo XVIII, y la ciencia ya ha demostrado hace años que el camino es otro: la escuela debería diversificar y personalizar la educación. Elementos como la emoción y la motivación del alumno deberían incorporarse a la educación de los niños inmediatamente, se están desatendiendo aspectos claves para el aprendizaje e incluso para la salud mental de los más pequeños. Después está el poco respeto al ritmo de cada niño, no hay dos personas iguales, no hay dos niños iguales, por tanto la metodología no debería basarse en un material estandarizado, o en un listón al que todo niño debe llegar, sea cual sea su circunstancia. Sí, es lo que parece, la siguiente crítica va hacia un sistema de calificación donde los niños deben de competir unos con otros, donde el que peor nota saca se siente así, como el peor, como no podía ser de otro modo, lo que le hace vulnerable a la frustración, emoción no muy compatible con la motivación para seguir aprendiendo. No hay juego, no se disfruta de la música, no se desarrolla la creatividad ni se fomentan las habilidades sociales, la inteligencia emocional o el autoconocimiento. Y algo trascendental: no resulta divertido aprender, se aprende memorizando para el examen, lo que promueve el desaprendizaje, el olvido rápido. Por el contrario, está demostrado que el mejor modo de incorporar conocimiento es aprender haciendo, y si ese aprendizaje queda asociado a una emoción quedará firmemente sellado en nuestra memoria; recordemos que el juego es la gran fábrica de emociones. Pero el sistema educativo descuida la emoción, solo queda escuchar a la autoridad e intentar memorizar pasivamente todo lo posible. No hay una interacción información- persona, el alumno no pone nada de su parte, no enriquece con su aportación la información recibida.

¿Es este un contexto adecuado para el aprendizaje? Mi respuesta se adivina, ¿verdad?

3 Comments

  1. Alicia dice:

    Maravilloso, gracias por compartir tu sabiduría. Yo tengo un hijo de 24 meses, y lo crío en casa conmigo, tengo muchos juguetes basados un poco en el método de montessori, no entiendo por qué este método no se ha extendido cuando considero que es uno de los más respetuosos.

    Diego Sango ministro de educación ya!

  2. Diego Sango dice:

    Habría que escribir otra entrada para especular sobre por qué no se aplican métodos más adecuados a la evolutiva de los niños, como sería lo lógico y saludable.

    Me planteo yo también esa pregunta muchas veces, y a la única conclusión que llego es que hay que seguir dando la barrila para que los centros que usan pedagogías de este tipo sean cada vez más numerosos y a ser posible subvencionados o públicos.

    Eso sí, si hay que ser ministro me bajo del tren, no estoy preparado para esos menesteres. Pero gracias por proponerme candidato. 🙂

  3. […] Consumiendo fármacos el menor estará algo más tranquilo, más drogado sería mejor decir, pero sin un apoyo terapéutico a la familia la situación volverá al punto de partida en poco tiempo. Arriesgándome a recibir feroces críticas de psiquiatras, médicos y, por su puesto, de la industria farmacéutica, afirmaré rotundamente que los psicofármacos podrían evitarse en un número altísimo de casos, simplemente trabajando las relaciones familiares y promoviendo un vínculo adecuado con el niño. No quiero decir con esto que no haya casos graves en los que la medicación sea importante, el caso es que si no se modifica la fuente de estrés, podremos bajar el nivel de ansiedad y descontrol del niño a base de medicación, pero la fuente seguirá emanando sus efluvios. Por otro lado, el sistema educativo actual tampoco ayuda a la hora de canalizar el estado emocional de estos niños, a pesar del empeño y la buena voluntad de mucha gente que trabaja en los centros educativos. Sobre este tema hoy no me voy a extender, mi opinión al respecto la podeis encontrar en la entrada El desajuste en la educación. […]

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