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¿Por qué somos como somos?

¿Por qué somos como somos? Aunque la pregunta suene más a filosófica que a psicológica, sin embargo yo trataré de aportar mi visión como psicólogo ya que, aunque me tiente la temática, hoy voy a dejar de lado la metafísica.

El “cómo somos” es lo que los psicólogos denominamos técnicamente “personalidad”, es decir, ese cóctel de rasgos que nos arrastra hacia modos particulares de hacer, de pensar y, por su puesto, de sentir. Sería caer en el reduccionismo fijarse sólo en algunos rasgos concretos y despreciar otros pero lo cierto es que socialmente tendemos a generalizar cómo es una persona por su rasgo más llamativo. Por ejemplo, fulanito es un “narcisista” cuando la gente ve que no parece tener abuela, o menganito es “obsesivo” cuando percibimos que hasta que no ve las cosas perfectas no se tranquiliza. En cambio, la realidad es que somos una mezcla de muchos rasgos donde unos nos influyen de un modo más importante que otros.

Por otro lado, es necesario que normalicemos el hecho de tener una muestra de todos los rasgos de personalidad ya que, al fin y al cabo, nos ayudan a afrontar el mundo e incluso a sobrevivir en él. Si no tuviéramos algo de obsesivo no nos fijaríamos en hacer bien las cosas o no nos aseguraríamos de que hemos cerrado bien el gas o de que deberíamos echarle un ojo al bebé porque se puede caer del sofá. Si no pudiéramos conservar algo de nuestro narcisismo nuestra autoestima probablemente se vería resentida, necesitamos sentirnos especiales y buenos en algo. Si en ocasiones no nos pusiéramos algo paranoicos no sacaríamos algunas conclusiones que nos permiten predecir que cierta gente pueda manipular nuestras opiniones o abusar de nosotros. Si no tuviéramos rasgos evitativos nos expondríamos probablemente a más peligros de los aconsejables. Y así un largo etcétera.
El problema viene cuando un rasgo de los que poseemos se hace fuerte y nos inunda, comenzamos a estructurar toda nuestra vida según nos imponen los esquemas y reglas del mismo. Uno tiene un problema cuando un rasgo le da problemas o pone en problemas a otras personas, esa es la clave. Uno se hace muy obsesivo o muy dependiente o muy paranoico… ahí la cosa comienza a complicarse.

¿Acaso nacemos con ciertos rasgos? ¿Los heredamos genéticamente? Pues no hay nada que parezca indicar que la respuesta a estas preguntas pueda ser afirmativa. Lo que sí está demostrado es la relación existente entre el desarrollo de la personalidad y cómo se han relacionado con nosotros nuestros cuidadores desde que nacemos, así como las características del entorno donde maduramos y las personas que nos rodean. Afinando aún más diré que hay un aspecto que determina especialmente el “cómo somos”: el resultado de la interacción con nuestras figuras de apego. Según nos indica la teoría del apego, existen vínculos primarios, es decir, la familia o cuidadores principales de un niño; y vínculos secundarios, el resto de la gente que ha tenido influencia sobre la persona (amigos, profesores, parejas…).

Nacemos sin ser de ningún modo concreto, solamente desarrollamos los rasgos de nuestra personalidad a través de cómo nos enseñan a afrontar el mundo. Así mismo, si se nos enseña a temer ciertas cosas es probable que desarrollemos miedos o incluso fobias asociadas, por ejemplo. Tuve una paciente a la que desde pequeñita le enseñaron a depender continuamente de sus cuidadores para resolver los diversos problemas que se le iban planteando, prácticamente nunca podía resolver las cosas por sí misma; ahí estaban sus padres para resolvérselo, no vaya a ser que la niña no pueda. ¿No resulta normal que esta chica desarrollase, entre otras cosas, un rasgo de personalidad dependiente que le empujaba a buscar vínculos de esta naturaleza?

A lo que voy es que no somos de ninguna forma, somos moldeables desde que nacemos hasta que morimos. La buena noticia es que todo el mundo puede cambiar, lo aprendido se puede desaprender y sustituirse por esquemas alternativos. Si soy de un determinado modo es porque me enseñaron, directa o indirectamente, que ser así me serviría para afrontar la vida más fácilmente. La mala noticia es que los rasgos de personalidad que uno arrastra desde la infancia son sumamente resistentes al cambio. Para empezar nadie quiere admitir que el modo en el que se ha manejado durante toda su vida en ciertas situaciones es un método erróneo, no sirve. Esto es duro de aceptar y, de hecho, el cerebro nos dota de una serie de mecanismos de defensa que se encargan de proteger nuestros esquemas mentales primigenios. El cerebro busca seguridad para mantener a raya a la ansiedad que brota de la incertidumbre. Antes de echar por tierra lo que me ha hecho resolver ciertos problemas, mejor o peor, mi mente se resistirá con uñas y dientes. Nuestra personalidad tiene una tendencia a perpetuarse ante la amenaza de descubrir que lo que llevo haciendo siempre no sirve, que no soy como creía ser, y eso crea una situación de zozobra que puede desembocar en miedo al vacío. Si no soy como creía, ¿qué soy? Mis puntos de referencia y mi identidad se tambalean. De ahí la resistencia al cambio.

De todos modos que nadie se inquiete, no hay que cambiar todo de cabo a rabo. Cada cual va a seguir siendo como es, la idea es limar solamente aquellos aspectos que me dan problemas; el resto de mi personalidad no sólo no debo cambiarlo sino que debería encargarme de reivindicarlo como características únicas que me hacen especial y diferente al resto. Es fundamental hacerse bien consciente de esa parte de nosotros con la que sí nos sentimos en armonía, porque son nuestros recursos. El arma que nos ayuda en la búsqueda de nuestro propio bienestar.

7 Comments

  1. Carmen H. dice:

    Me ha gustado este artículo.
    Es de fácil lectura y bastante útil. Pero me quedo con ganas de más.
    Me has enganchado.

    Espero que también nos des alguna pauta para conseguir los cambios que queremos en nuestra forma de vivir, con nosotros mismos y con los demás.

    Un saludo
    Carmen

  2. Diego Sango dice:

    Gracias por el comentario. Intentaré más que dar pautas, tratar de que cada uno se las de a sí mismo. Esa es la idea. Un saludo.

  3. Manolín dice:

    Pregunta: ¿Es posible que alguien que se llame Narciso, cultive en mayor medida ese rasgo de personalidad por el mero hecho de que se lo llamen todos los días?

  4. Diego Sango dice:

    La respuesta es negativa Manolín. Pero si has hallado algún caso coméntamelo por favor. Un abrazo

  5. Noemí dice:

    Hay un libro llamado “El guión de vida” de Martorell que habla de cómo nuestros cuidadores o figuras de apego (primarias, fundamentalmente) nos transmiten una serie de “mandatos”, relacionados con el cómo “ser” en la vida.
    El enfoque es desde el A.T. pero es muy interesante e incluso fácil de leer para pacientes que en momentos determinados descubren que quieren cambiar un guión disfuncional para su vida.

    ¡Gracias por tu reflexión, Diego!

  6. […] toqué este tema de refilón en la entrada ¿Por qué somos como somos?, hoy concretaré un poquito. Cuando nacemos, nuestros cuidadores y nuestro contexto social nos […]

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