Algo sobre crianza, apego y capacidades parentales

¿Por qué somos como somos?
06/10/2011
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Algo sobre crianza, apego y capacidades parentales

Cuando llega el momento de la crianza, cuando alguien se convierte en padre o cuidador, en ese momento comienza una andadura llena de obstáculos. Generalmente, la mayor parte de las dudas con un cachorro humano surgen por el temor a maleducarle, no vaya a ser que luego haga lo que le de la gana. Si reseteáramos esta actitud en nuestra cabeza haríamos un gran favor a todos los niños a los que nos toque cuidar. De lo que estoy hablando es de que si lo que quiero es que una criatura se desarrolle, aprenda, respete y además tenga una personalidad que afronte constructivamente los baches de su camino, debería poner toda mi energía en cuidar un vínculo afectivo y seguro. Es lo que algunos teóricos de la psicología y la psiquiatría llaman el apego seguro.

El apego es algo que podría ocupar doscientos blogs, así que me limitaré a dar algunos detalles sobre aspectos que, en mi opinión, tendrían que ser tenidos en cuenta por los cuidadores o por sus terapeutas.

Existen determinados comportamientos especialmente dañinos en los padres o cuidadores de cualquier niño que con el tiempo podrían dejar una huella importante en el mismo, sobre todo a nivel de personalidad y modos de afrontamiento. Concretamente hay padres con verdaderas dificultades para emitir una respuesta empática, llegando a desarrollar estilos de comunicación y actuación en ocasiones poco adecuados o incluso atemorizantes e intimidatorios. A continuación se detallarán algunos ejemplos de este tipo:

La poca disponibilidad cuando el niño solicita ayuda:

Puesto que los seres humanos están programados para temer, ya que el miedo nos avisa y protege de los peligros; los niños suelen tener miedo con frecuencia. Cuando eso pasa se dirigen a su figura de apego esperando consuelo o contención. Si dicha figura reacciona ignorando al niño o incluso ridiculizándolo por sentir miedo, si no le contiene, el niño no aprenderá a regular su emocionalidad, probablemente no la exprese la próxima vez y la viva en silencio, con los peligros que para la salud mental eso conlleva. Al igual que con el miedo sucede con la tristeza, la culpa, etc. Si un niño demanda ayuda la madre o el padre deben preguntarle qué pasa, poner palabras a su emoción y mostrarse dispuestos a estar a su lado hasta que pase la tormenta; de ese modo, el niño encontrará seguridad e interiorizará que las emociones se digieren, se desahogan y que en última instancia siempre hay alguien para echarte una mano si no puedes por ti mismo con la situación. Cuanto más sentido y seguridad des a un niño con respecto a lo que siente mayor sensación de capacidad tendrá ante próximas situaciones.

Cuando los padres niegan sus propios errores o debilidades:

Los padres, quizás por sus propios conflictos internos, tienden a mostrarse como mejores de lo que realmente son. A todas las personas nos cuesta reconocer que nos equivocamos, que actuamos mal de vez en cuando. El afán en insistir que todo se hace bien, puede darle a la criatura una visión distorsionada de la realidad, porque él, ya que los padres son su modelo, tenderá a cometer el mismo error y asumirá que es lo que se debe hacer. Sin embargo, si el cuidador reconoce su error el niño aprenderá a reconocer los suyos propios, creando un repertorio más flexible de conductas. Reconocer equivocaciones nos abre la puerta a buscar otros modos diferentes de afrontar los problemas.

Cuando se culpa a los niños de los males del adulto:

Una actitud realmente discutible es cuando los progenitores juegan con la culpa del niño para imponerle disciplina. Una madre puede decirle al niño “No ves que tu padre está mal del corazón, como sigas portándote así al final le va a dar un infarto”, o “Mira lo que has hecho, papá y mamá están discutiendo por tu culpa”. Estas verbalizaciones ponen en el tejado del niño una pelota que no le corresponde, y lo único que hacen es sembrar temor y confusión. Así, si este tipo de comunicación se mantiene constante en el tiempo el niño crecerá pensando que por su culpa los demás lo pasan mal, lo que generará miedos y retraimiento a nivel social, temerá dañar y tenderá a sentirse como un estorbo, una persona no digna de consideración… su autoestima se resentirá inevitablemente.

Invalidar los sentimientos del niño:

El niño tiene emociones y en ocasiones esas emociones expresan una realidad familiar. Hay mucha gente que no quiere reconocer las carencias existentes en su propia casa, pero los niños son transparentes y se sienten y reaccionan de una determinada forma, que muchas veces refleja lo que está pasando en el núcleo familiar. Cuando esto ocurre hay padres que desacreditan la experiencia subjetiva del niño tratando de convencerle que no pasa nada, o peor aún, que no tiene que sentirse de ninguna forma porque no está pasando nada. Una respuesta adecuada en este caso sería explicarle al niño, puesto que lo presencia día a día que, por ejemplo: “papá y mamá discuten y alzan la voz a veces, y eso no está bien, entendemos que te sientas triste cuando nos ves. Vamos a tratar de no discutir de ese modo para que tú estés mejor”. Los sentimientos de cada niño son legítimos, no pueden evitar sentirlos, es necesario atender a ellos y poner palabras a lo que les pasa. Eso hará que ellos mismos sepan explicar qué significa aquello que tienen dentro, a qué responde. Una vez más, si les ayudamos a adquirir esta habilidad, se regularán mejor y sabrán como buscar ayuda o auto consolarse.

Amenazas y violencia:

Amenazar a un niño debilita la seguridad del apego y le coloca en una posición temerosa y ansiosa. Hay padres que amenazan con pegar, con abandonar, con dejar de querer, con mandar a un internado… La única función que cumple este tipo de comunicación es confundir y atemorizar al niño y, en el peor de los casos, que llegue a pensar que realmente merece que no le quieran o que le peguen, puesto que ya le habían avisado y el ha hecho lo que no debía. No se aprende a través del miedo sino de la reflexión. Un niño para hacer algo bien debe entender qué es lo que se le pide y que es lo que hace a esa conducta deseable. Y cuando la ejecuta hay que reforzarle por ello. Si pretendemos que un niño haga algo por miedo al castigo físico o al abandono, puede que lo haga, pero sin entender realmente la función de su conducta. Además, cuando desaparezca la figura atemorizante se dará permiso para desquitarse y hacer lo que quiera probablemente con una virulencia desatada. Ni que decir tiene que con el tiempo el niño aprenderá a conseguir las cosas a su vez a través de amenazas y violencia.

Críticas constantes:

Madres o padres que critican machaconamente al niño generan una herida importante en su autoestima. Por su puesto que cuando el niño hace algo mal hay que señalárselo, aplicarle el castigo proporcional conveniente (el castigo puede ser simplemente ponerse algo más serio de lo normal) e indicarle donde está el camino a seguir, lo que debería haber hecho. Sin embargo, hay personas que continuamente etiquetan y critican al niño, emiten una cantidad de mensajes negativos abrumadora. Esto da lugar primero a que el niño se cargue de rabia, segundo a que la constante etiquetación favorezca que se comporte realmente como se le define, y tercero y más importante, a un daño sobre la autoestima. Si la persona o personas más importantes para ti, las que te quieren y en las que más confías te devalúan constantemente, probablemente llegarás a interiorizar que lo que dicen es cierto.

Los padres intrusivos:

La madre o el padre no permiten al niño tener sentimientos o pensamientos propios y tratan continuamente de controlar lo que el niño pretende. Suelen ser padres que tienen baja tolerancia a la incertidumbre o al descontrol. El niño debe responder siempre y de forma rígida a la voluntad de sus padres, no puede haber huecos, debe ser como el padre o la madre quieren que sea. Agobia solo decirlo, ¿verdad? Pues bien, con esta actitud el niño ve como el necesario proceso de individuación se ve obstaculizado, ya que no se le deja ser él mismo sino que debe ser una prolongación de sus padres o de las expectativas que estos ponen sobre él. Como no puede ser de otro modo esta actitud pone en riesgo la salud mental de la criatura y la hace vulnerabilidad ante futuras patologías.

Doble vínculo:

Consiste en un mensaje contradictorio: por un lado se le da permiso al niño para hacer o decir algo, pero por otro lado se le indica que hará un daño si lo hace. Por ejemplo “Puedes irte con pepe si quieres, a mi no me importa, pero ya sabes que es un chico que a mi no me gusta nada”. Esto es un ejemplo, pero existen mensajes que ponen al niño en una posición más complicada aún, las opciones que se le ofrecen son todas conflictivas para alguien, no se le da una alternativa válida que salve la situación. Recordemos que los niños no son adultos y no tienen la capacidad racional para entender que deben generar alternativas que no están contenidas en el contexto.

Comparaciones desfavorables:

El comparar continuamente a un niño con otras persona que lo hacen mejor que él es decirle, indirectamente, que es peor que el resto de la gente. El resultado: sentimientos de poca valía e inferioridad.

Respuestas exageradas:

Algo le pasa a su hijo y los padres, en vez de reaccionar de un modo sereno y dirigido a la solución del problema, lo hacen de modo exagerado denotando una gravedad aun mayor de la que había detectado el niño, inundándole de temor e inseguridad. Si esta respuesta se hace consistente en el tiempo el niño puede llegar a temer la aparición de dificultades, ya que generará una reacción ansiosa aprendida de sus cuidadores.

Estos son sólo algunos ejemplos de actitudes que provocan sentimientos muy dañinos en los niños. El origen de éstas se encuentra en los propios conflictos y dificultades de los cuidadores, que probablemente a su vez no aprendieron a manejar estas situaciones de otro modo porque quizás a ellos no les enseñaron sus cuidadores a resolverlas en su propia infancia. La terapia puede ser un modo de modificar estos estilos de crianza, donde será importante trabajar con los padres el trato que recibieron y qué aspectos tienen normalizados y legitimados de la actitud de sus propios padres. Padres negligentes o descuidados pueden hacer que sus hijos, cuando tengan descendientes, sean igualmente negligentes, a no ser que otras figuras les hayan mostrado estilos alternativos. No quiere decir que sean malas personas, sino que no han aprendido otro modo de tratar a un niño, su modelo les enseñó la forma de hacerlo y así lo reproducen automáticamente cuando ejercen su parentalidad. Muchos padres se sorprenden cuando comprueban que aquello que tanto odiaban de sus padres lo están repitiendo con su propio hijo. El poder hablar de ello, hacerlo consciente, es el primer paso que permite reparar dicha actitud.

10 Comments

  1. Pei dice:

    Muy bueno Diego, pero me quedo con ganas de saber cuáles serían las buenas conductas 🙂

  2. Diego Sango dice:

    Ponlo todo en positivo y tendrás una pista. De todos modos habrá más artículos sobre crianza. Y cualquier cosa que me quieras preguntar te lo contesto aquí en comentarios. Un beso Pei y gracias por haberte hecho seguidora, me hace ilusión.

  3. Diego Sango dice:

    De todos modos Pei, está bien que me recuerdes que siempre hay que presentar alternativas positivas a todo lo que se describe en estos contextos.

  4. Pei dice:

    Gracias a ti por darnos la oportunidad de aprender tanto!! Muchos besos!!

  5. Anonymous dice:

    ¡¡¡ Muchas gracias Diego !!! Mi hija Jimena tiene Retraso Psicomotor y una madre que le ha sobreprotegido “sin querer queriendo” todas estas pautas son geniales y fáciles de seguir desde fuera; cuando tienes un hijo te toca el corazoncito y ahí está el problema. Intentaré leerlos despacio e interiorizarlos por el bien de las dos. De nuevo gracias.

  6. Diego Sango dice:

    Gracias a tí por leerme. Me alegra ver que el artículo te es útil en la crianza de tu hija. Me hace bastante ilusión que algo que escribo tenga ese efecto.
    Un saludo.

  7. Manolín dice:

    No, no, gracias a ti, tú eres mejor que yo

  8. Anonymous dice:

    Otro ejemplo muy dañino para el hijo es apartarle de su padre cuando se divorcia, creo que sabes mucho de este tema.
    Ser honesto en psicologia es complejo cuando hay que comer todos los dias

    • Diego Sango dice:

      Siempre es perjudicial, en casos de divorcio o en cualquier caso, que el niño pierda contacto con uno de los progenitores. Solamente en casos de maltrato físico o psicológico las instituciones suelen restringir las visitas de los niños con los padres maltratantes; en los casos más extremos hasta se interrumpen las mismas. En el resto de los casos lo recomendable es que el contacto repartido entre ambos progenitores.
      Con respecto a lo de la honestidad no sé qué comentarte, siento no captar tu mensaje en este sentido. De todos modos gracias por el comentario

  9. Anonymous dice:

    Si el contacto esta repartido entre ambos progenitores, uno se queda el 95% del tiempo con los niños, (la madre en el 85% de sentencias judiciales), y al padre le queda la miseria, las facturas y que te arrojen de tu casa como un perro, y un 5 % del tiempo con tus hijos.
    Curioso reparto.
    Respecto a la honestidad en psicologia me refiero a todos los psicologos que se limitan a perpetuar esta situacion sistematicamente, no se trata de hacer algo deshonesto, es tan sencillo como mirar para otro lado, espero que asi puedas captarlo.
    Muchas gracias por tu respuesta

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